Emprender no es tan sexy, y es tu culpa.
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Emprender no es tan sexy, y es tu culpa.

January 29, 2018

Tal vez en algún punto de tu vida entraste a la casa de un amigo de la familia, donde había autos, piscina, un billar en el centro de la sala y una decoración increíble, llena de luces, acabados en madera y un fino piso de mármol, lo que eventualmente se acabó convirtiendo en una expresión de admiración en tu rostro, y además, en un profundo sentimiento de deseo en tu corazón.

Probablemente no fue así, y sólo te subiste a un automóvil que te gustaba, o viajaste en clase ejecutiva de Aeroméxico porque te cambiaron el boleto por un error de horario, o incluso un tío o primo que se lanzó a emprender y tiene un negocio que aparentemente le da de comer.

Este grupo de momentos son los que suelo identificar como los ‘Ajá Moment’ del emprendimiento, y el mío fue cuando vi por primera vez a un emprendedor en escena, con un traje sastre, bien estilizado y el micrófono en mano, hablando de cambiar al mundo en algún evento de tecnología y esas cosas chéveres que luego los gobiernos e instituciones organizan. Y eso me cautivó. En realidad me sedujo.

El problema es que hemos estado empeñados en desarrollar películas, noticias en los medios, fachadas e historias que suelen ser los ‘Ajá Moments’ de los emprendedores de esta generación: un grupo de hijos del milenio dispuestos a comerse el mundo creando los nuevos Facebooks y levantando millones de dólares en inversión porque pues… suena sexy, ¿no?.

Lo que la mayoría olvida, o deliberadamente ignora, es que hay una serie de realidades que están detrás de crear una empresa, y que muchos no nos encontramos hasta que ya nos fuimos de cabeza contra el emprendimiento y luego, en medio de las responsabilidades decimos: “¿Y ahora qué demonios hago?”, por lo que, quiero enlistar 10 de esas cosas que nos tocan a nosotros los founders en el camino de crear una empresa, y que, por supuesto, son sólo algunas de las piedras en el camino.

Spoiler alert: No son sexys. Definitivamente.

  1. Tienes que pagar impuestos. Really.
    Si tu preocupación número uno al momento de iniciar una empresa es: ¿Cómo hago para pagar menos impuestos?, estás muerto compadre, porque estás más enfocado en cómo hacerte rico y presumir de lo sexy que es ser emprendedor que en construir algo que la gente realmente quiera.
    Si bien en México hay ciertos incentivos fiscales como reducciones de impuestos para personas físicas en incorporación fiscal, lo cierto es que tarde o temprano tienes que pagar impuestos, te guste o no, ya que la manera más fácil de irte a la quiebra, o incluso a la cárcel es evadirlos.
    No le temas a los impuestos, finalmente pagar muchos impuestos es el resultado de que te está yendo bien.
  2. Todo es tu culpa.
    ¿No hay dinero para pagar la nómina? Tu culpa. ¿Nos falta talento? Tu culpa. ¿No estás teniendo ventas? Tu culpa. ¿Un producto se perdió en el envío? Tu culpa. ¿La competencia gana terreno? Tu culpa.
    La realidad es que llega un punto en que pierdes empatía de parte de todo el mundo hacia ti, porque finalmente al interior de tu empresa todas las responsabilidades son tuyas, y no hay nadie, -repito-, nadie que vaya a entender por cerca lo que realmente te está pasando. Si tienes dolores de cabeza por las 18 horas seguidas de trabajo, por desgracia siempre habrá alguien que te dirá que no puedes quejarte y que salgas a echarle ganas. Lo curioso de esto es que debes aprender a estar bien con ello, sin importar que tus preocupaciones, dolores o molestias sean genuinas y sinceras, probablemente nadie te va a entender, y tendrás que encargarte de eso.
  3. El balance de vida y trabajo es una mentira total.
    Una vez que te has convertido en emprendedor, y te sumerges desde temprano en la mañana en la oficina, y regresas tarde en la noche a tu casa, las cosas se empiezan a complicar: tu pareja dice que ya no le prestas atención, tu familia no entiende un carajo lo que estás haciendo, y más importante; puedes llegar a no saber si lo que haces realmente vale la pena.
    Esto es normal, y ojo: no eres absolutamente nada especial. Eres tú el que se metió en esta bronca y eres quien debe liar con ello, ya que las responsabilidades te absorberán, y las ocasiones en las que tendrás que preparar una presentación para dentro de 3 horas y no has comido ni un mísero pan serán frecuentes, o incluso, esas noches donde alguien importante de tu equipo te deja tirado y tienes que hacer tú el trabajo, o cuando tienes que retirarle el empaque a 80 de tus productos porque la etiqueta venía con algo al revés van a ser de lo más cotidiano.
  4. Vas a tener que despedir a la mitad de tu equipo.
    El mejor amigo de tu universidad que se metió en esto contigo pero que no está dando el ancho, o tu roommate de toda la vida que tiene otro trabajo y no te hace caso, cualquiera de los dos, no importa, tendrás que sacarlos más temprano que tarde, y eso te hará perder amistades. Te verás en situaciones tan humillantes como cobrarle a un ex-socio míseros 3000 pesos porque a fin de cuentas es dinero de tu empresa y tu estás tan quebrado que no lo puedes cubrir.
    La realidad es que formar equipos de impacto es un trabajo arduo desde la perspectiva de la captura del talento, porque finalmente ni tú ni lo que haces son tan increíbles como para que el mundo gire a tu alrededor. Por desgracia (o por fortuna), tendrás que despedir a casi (o más) de la mitad de las personas con las que empezaste, y aunque eso duela y sea incómodo, no podrás quejarte porque el que tiene el verdadero problema es quien fue despedido, y nadie entenderá tu angustia (véase punto 2).
  5. Nunca eres tu propio jefe.
    Aunque sea de las principales razones para emprender, temo decirte que es una vil mentira. El mercado siempre te estará demandando algo nuevo. Te quedarás a dormir hasta noche porque pasó algo con algún proveedor que tienes que solucionar ya. Estarás vuelto loco porque las métricas de ventas no están llegando a la meta. Tus distribuidores te pedirán una comisión más alta de un día para otro. Y aún después de todo eso, deberás estar bien, y te darás cuenta de que ahora el mundo es tu jefe, incluso si eres de esos emprendedores exitosos que levantaron millones de dólares en inversión y tienen una oficina en San Francisco, es probable que el board de tu empresa esté sentado contigo cada 3 meses preguntándote porque no estás dando el rendimiento que la inversión que recibiste espera.
    Simple y sencillamente estás solo, y todos te ordenan.
  6. Tendrás que aprender a recibir feedback.
    Después de sentarme frente a una cantidad considerable de empresarios el año pasado cuando lancé Freshbox, tuve que aguantar comentarios buenos, malos, y terribles. Muchas veces salí enojado, confundido y molesto, pero al final del día tuve que entender que nada de eso era personal, y que el journey del emprendedor generalmente llega a tomar hasta cientos de estas citas, donde serás cuestionado, destrozado, y dudarás de tu propia capacidad para hacer las cosas correctamente.
    Recuerda, sigue siendo todo tu culpa, y que salga bien o mal seguirá siéndolo.
  7. Nadie te debe NADA.
    Muchos emprendedores tienden a creer que como lo que están haciendo ayuda (tal vez) a mejorar la economía de su país, el gobierno les tiene que regalar el dinero y los apoyos, que las empresas deberían de contratarle por ser una empresa local, o que los clientes deberían comprarles porque son especiales.
    Pues no. El emprendedor es otro simple mortal que únicamente decidió tomar un camino distinto, y por eso debe diseñar productos que la gente realmente ame, y nunca esperar a que el gobierno y la sociedad le dé un espacio privilegiado por existir.
    De hecho creo que las empresas tienden a morir más frecuentemente por eso que por una mala administración o contabilidad. Desgraciadamente también se ha vuelto una actitud muy común de los emprendedores el quejarse por la falta de apoyos.
  8. Levantar capital no es traer dinero en los bolsillos.
    Esta es probablemente de las cosas que más sexy suena decir: “Acabo de levantar una ronda de capital de <inserte-ridícula-cantidad>”, y aunque ésta sea del tipo de noticias más frecuentes que aparecen en los medios, si llegas a ser de este grupo, entenderás lo común que es que tu tía piense que eres millonario y no le hayas pagado una deuda de hace dos meses, o incluso que tu madre, aparte de que no entienda nada de lo que haces, empiece a creer que estás siendo egoísta con ella.
    Realmente cuando acabas de levantar una ronda de inversión, raras veces termina algo significativo en tu bolsillo, a menos que se trate del sueldo que te auto-asignes (o en su defecto, los inversionistas), y que tampoco suele ser mucho en lo frecuente.
  9. Los hacks de la universidad dejan de funcionar.
    Esto de sacarle plática al profesor para que se le olvide la clase, o colarte en el grupo de los genios para sacar la mejor nota en el ensayo de final de curso, son cosas que empiezan a dejar de funcionar una vez que entras al mundo profesional, donde te das cuenta que a las personas que tienen este tipo de actitudes, el mercado las rechaza y las aísla automáticamente, por lo que tienes que aprender a ser auténtico, genuino, y alguien que realmente aporte valor a tu equipo y el mundo empresarial o industria en la que te desenvuelvas. Es decir: en este punto, the shit is real.
  10. Tu vida realmente se te puede ir al carajo.
    Basta con echarle un vistazo a la lista de startups de Y Combinator para notar que una parte importante de las empresas mueren, y cabe destacar que este grupo de empresas fueron seleccionadas después de un proceso de filtración realizado por expertos, lo que indica que realmente puedes no saber lo que va a pasar con tu startup. Es decir, no porque te endeudes con el banco o porque los inversionistas y tu familia te hayan dado dinero te vas a convertir en el próximo Bill Gates.
    Si eventualmente tienes una deuda de mucho dinero y terminas vendiéndote a tus competidores por la mitad de esa deuda para no morir, aún así terminas quedando en la ruina, y esto es asunto serio. No todas las empresas son un éxito, de hecho, la mayoría de ellas no lo son. Así que tenlo en mente. Te puede ir igual de mal como de bien.

Dicho eso, si aún quieres ser emprendedor, y de hecho, te entusiasma descubrir qué puedes aprender de todos estos retos, y cuáles serán otros peldaños en el camino que tendrás que sobrepasar, entonces realmente tienes madera de emprendedor.

Si estás aquí por la fama, por el dinero, o por el éxito, te darás cuenta en el corto plazo que esto no sirve para ti, y tendrás que elegir entre dejar de lado lo que estás haciendo, o eventualmente quedarte estancado en cuestión de ventas, sin realmente cambiar mucho.

En el corto plazo, deberás elegir entre fracasar y estar bien con ello, o estancarte.

Lo he dicho muchas veces y lo diré siempre: estamos aquí para crear impacto. Lo demás es superficial, y a donde debemos realmente apuntar es a mejorar el mundo en el que vivimos y agregar valor para nuestros socios, clientes, compañeros y la comunidad.

Para concluir, me gustaría agregar que la razón por la que el emprendimiento no sea realmente increíble, no es por su naturaleza en sí, si no porque como emprendedores nos hemos encargado de hacerlo parecer algo que no es. Así que, para todos aquellos que se han dado de topes cuando las cosas no salieron como esperaban, remember; es su culpa.

-E

Con inspiración de: Freddy Vega (Platzi Founder)

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